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Con masiva participación comenzó la Novena de La Candelaria 2026
El primer día de la novena en el Santuario, que inicia la Fiesta 2026, congregó a numerosos peregrinos que desde temprano participaron de las celebraciones eucarísticas y, por la tarde, de la novena y la misa vespertina.
La novena y catequesis, como es habitual, estuvo a cargo del obispo de Copiapó, Mons. Ricardo Morales, quien profundizó en el sentido de una auténtica devoción mariana. Señaló que esta nace del misterio trinitario, “se fundamenta en Jesucristo y es profundamente eclesial”. Explicó que María es Madre de la Luz, y esa luz no es otra que Cristo, luz para las naciones, que ella no retiene, sino que ofrece al mundo como servicio, consuelo y esperanza.
El obispo invitó a purificar la piedad mariana, distinguiendo entre una devoción que se queda solo en el gesto o la emoción y aquella que abre el corazón al servicio y al compromiso cristiano. Haciendo referencia a la procesión de las Candelas, en la víspera de la Fiesta, dijo que la luz “no es para quedarnos detenidos sino para caminar, por eso la Virgen nos invita a no detenernos sino a avanzar con su hijo Jesús”.
Desde el magisterio de la Iglesia, don Ricardo recordó que la devoción a María siempre conduce a su Hijo y se expresa en una vida de oración, conversión, caridad y misión.
Misa al atardecer
Después de la novena se celebró la misa, en la que el obispo invitó a vivir de tal manera que la fe en Jesucristo se exprese en hacer lo que Él pide, “ser hermanos, que nadie pueda sentirse ajeno a esta humanidad que compartimos, que nadie viva en condiciones indignas, que nadie sufra la soledad la desesperanza”. Recordando al Papa Francisco, don Ricardo invitó a vivir bajo la premisa de tres palabras: perdón, permiso y gracias.
En el día en que se reza especialmente por los bailes religiosos, el obispo los invitó a ser luz. “Tenemos que ser capaces de vivir siendo luz, -dijo don Ricardo- la vida ni es fácil, hay diferencias, nos enojamos, pero siempre tiene que haber una palabra de perdón, de gracias, de permiso”. En el ofertorio, integrantes de bailes llevaron el pan y el vino, y un ramo de flores que se puso a los pies de la imagen de la Virgen.
Trasado del Cristo
Después de la misa tuvo lugar la procesión que traslada la imagen del Cristo Crucificado desde un costado del patio, que s su lugar habitual, hasta la pared posterior del altar, donde permanecerá hasta el último día de fiesta, lunes 9 de febrero. La procesión tuvo cuatro estaciones de oración, y se acompañó de bailes religiosos.