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Crisis social: la equidistante relación entre crecimiento y desigualdad

domingo, 17 noviembre 2019 - 6:21 pm

La crisis social que atraviesa el país ha puesto el acento en los problemas económicos y de desigualdad de Chile. Esto, en un país que se ha destacado a nivel internacional por sus avances en materia macroeconómica y que ha conseguido el PIB per cápita más alto de América del Sur, lo que a su vez ha impactado la reducción de la pobreza y en disminuir los niveles de desigualdad.

Si bien la desigualdad se mantiene alta (es de los 15 países más desiguales), ya que en 2017 el primer quintil recibió un 2% del total de los ingresos monetarios (que incluye los ingresos del trabajo y las transferencias del Estado), el décimo quintil un 34,1%, es decir, recibe 17 veces más ingresos que el primer quintil, la evolución ha sido favorable y su mejor período en términos de reducción de la desigualdad ha coincidido con años de buen crecimiento económico.

Entre el año 2000 y 2015, el índice de Gini-donde 0 es igualdad perfecta, y 1 desigualdad perfecta- pasó de 0,549 a 0,482. En dichos años, el Producto Interno Bruto (PIB) mostró una expansión promedio del 4,2%. En 2017, en tanto, el índice subió a 0,488 puntos coincidiendo con un período de menor crecimiento: 1,3%.

De acuerdo al Instituto Libertad y Desarrollo (LyD), durante los períodos de mayor crecimiento los ingresos totales tuvieron un mejor comportamiento. De hecho, de acuerdo a sus cifras, entre 2011 y 2013 la actividad se expandió un 5,2%, lo que llevó a que los ingresos de todos los deciles mostraron los mayores crecimientos de la década 2006-2017.

David Bravo, director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la UC, pone otro antecedente sobre la mesa: “Creo que para efectos de nuestra discusión, se ha omitido reportar el verdadero efecto del gasto social. Esto ocurre porque en los cálculos oficiales solo se consideran los subsidios monetarios. Sin embargo, una buena parte de la política social y de los incrementos desde 1990 se ha enfocado en transferencias en especies, por ejemplo, aumento en subvención escolar por alumno, o atenciones en salud, o garantías como el plan Auge (Ges). En estos casos, podríamos haber duplicado el gasto y nuestro indicador de distribución del ingreso no lo habría considerado, porque solo consideramos los ingresos monetarios. ¿Somos igual de desiguales? No, porque debimos haber valorizado dichos subsidios”.

De hecho, para Bravo, si esto se hubiera incorporado -para tener una referencia- afirma que a fines de los años 90 el coeficiente de Gini cae en 5 puntos y que un cálculo reciente de LyD muestra que hay un efecto aún mayor ahora de unos 11 puntos. “Lamentablemente, si las mismas cifras oficiales no lo calculan las conversaciones en la sociedad no lo incorporan como, de hecho, ha ocurrido”, puntualiza Bravo.

Los economistas coinciden en que existe una relación entre crecimiento económico y disminución de la desigualdad, pero cada uno entrega argumentos y ponderaciones distintas.

Andrea Repetto, académica de la Universidad de Adolfo Ibáñez, sostiene que “el índice Gini de ingresos de Chile es alto internacionalmente, pero ha bajado sustancialmente desde inicios de los 2000. En general, el Gini es difícil de modificar, y eso hace más relevante la reducción del índice en Chile”.

Para la economista sí existe relación entre crecimiento y reducción de la desigualdad y que la evidencia internacional tiende a mostrar que la relación va en ambos sentidos. En ese sentido, añadió que “por un lado, los recursos que trae el crecimiento permiten ampliar el acceso a educación y servicios sociales, en particular para quienes viven en contextos más rezagados. Por el otro, una menor desigualdad, percibida como mayor equidad, permite una mayor cohesión social y también mayores posibilidades de que todos puedan desplegar sus capacidades y que su esfuerzo sea apropiadamente retribuido. Ello favorece el crecimiento”.

Mientras, Ricardo Paredes, economista y rector del Duoc UC, subraya que la correlación existe, pero depende de la etapa del desarrollo de cada nación. “Países que parten muy pobres y ven crecimiento rápido, en general ven aumentar su desigualdad. Una vez superado cierto umbral, particularmente cuando ese umbral va aparejado de una educación de calidad, de participación política amplia, la ven reducida con el crecimiento. Sokoloff, un historiador económico, ha mostrado que procesos políticos participativos han estado detrás de sociedades más igualitarias”.

Andrés Hernando, coordinador académico del Centro de Estudios Públicos (CEP), acota que “si hay una relación esta es muy pequeña y no es directa”.

En este punto explica que en un trabajo que él realizó junto al también investigador del CEP Francisco Szederkenyi, se analizó la caída en la desigualdad entre 2009 y 2015, la cual se descompone por grupo de la población y fuentes de ingreso. “Encontramos que el grueso de esa disminución de desigualdad se explicaba por mayores ingresos laborales debido a aumentos salariales y aumentos en la participación laboral, los que pueden ser explicados por el crecimiento cuando este aumenta la demanda por trabajo. Es decir, no sería per se el crecimiento el que disminuye la desigualdad, sino el efecto potencial de este en el mercado del trabajo”, precisa.

Bravo apunta que “si se considera al ingreso total per cápita al interior de los hogares, la desigualdad que era alta y a fines de los 80, se mantiene estable en los años 90; sin embargo, a partir de 2000 disminuye. En términos del coeficiente de Gini, este indicador se mantiene estable en los años 90 y cae unos 7 puntos desde 2000 y lo mismo se encuentra con otros indicadores de desigualdad de ingresos como la razón de quintiles”.

Más allá de que el crecimiento ayuda a reducir los índices de desigualdad, los académicos concuerdan en que no es suficiente solo este factor para avanzar en la dirección de un país más equitativo. “No hay que olvidar que el indicador tiene falencias. Por un lado, solo mira una parte de lo material, dejando afuera otros aspectos como lo asociado a oportunidades, calidad de vida y el trato, entre otros. Por el otro, está basado en encuestas de hogares las que no suelen capturar los ingresos de los más ricos”, acota Repetto.

Hernando acota que “ya no basta el discurso que el crecimiento saca a la gente de la pobreza y que la desigualdad es una preocupación secundaria, debemos tomarnos en serio la desigualdad en todas sus dimensiones, no solo las de ingreso. Importa la desigualdad de trato, la desigualdad en acceso a servicios que se consideran mínimos, como educación de calidad y atención médica adecuada, y también la desigualdad en el acceso al Estado, como al enfrentar a la justicia o en la relación con funcionarios públicos y fuerzas de orden”.

¿Cómo mejorar los índices de desigualdad?

El país ha tenido una senda de reducción de la desigualdad, pero para los expertos se deben mejorar las políticas públicas destinadas a optimizar estos indicadores. En este punto, el concepto que más se reitera es la focalización de las medidas. Hernando señala que las transferencias directas son una “muy buena herramienta, fácilmente focalizable, para disminuir la desigualdad”. Explica que cuando se asocian a los ingresos del trabajo y se pagan a través del sistema tributario, tienen otras virtudes deseadas como aumentar la formalidad, lo que protege a los trabajadores. “Múltiples economistas hemos propuesto implementar en Chile un crédito tributario a los ingresos laborales; esta es una política sencilla que puede hacer mucho por redistribuir y ayudar a los que más lo necesitan”, sostiene.

Paredes comenta que “las mejores políticas son las de gasto que se focalizan en los más pobres. Además, la aplicación de impuestos más progresivos aportarían a reducir la desigualdad que suele estar dramáticamente centrada en los percentiles 96 hacia arriba”.

Repetto recomienda repensar los mecanismos de la política social, la exigencia de postular a programas y el excesivo énfasis en incentivos que son más bien de carácter financiero. “Creo que la política social debe pensar más en el contexto de las personas antes de ofrecer incentivos financieros que en muchas ocasiones tienen efectos limitados. También debe tener un foco mayor en las comunidades y localidades y menos en individuos y familias. Por cierto, debemos utilizar más el sistema tributario para redistribuir”.

Para ello, propone que además de las políticas que ya existen (Chile Crece Contigo), se deberían “considerar nuevos programas innovadores, por ejemplo, que permitan hacer un acompañamiento a las madres en el primer año de vida de los niños y, en general, asegurar mayor cobertura de la educación preescolar como jardines infantiles y salas cuna, pero vistos no como cuidado, sino como una instancia de educación de calidad”.

fuente: latercera.cl